Los hábitos

7 de febrero de 2011
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No recuerdo en cuantas ocasiones he dejado de hacer algo o no he cambiado mi actuación por los viejos hábitos que me acompañan.

Mi amigo Jorge, me ha comentado en distintas ocasiones que soy capaz de reinventarme y nunca le había hecho mucho caso, ahora leyendo un libro, “el juego interior del tenis” (T. Gallwey), me he dado cuenta de que en parte tiene razón.

Reinventarse es cambiar hábitos, es no quedarse en esquemas ya establecidos y obsoletos que, aunque fueron de utilidad, hoy estorban más que ayudan.

La frase “los hábitos son afirmaciones sobre el pasado y el pasado ya no existe”, nos invita a reflexionar y a cuestionarnos algunos de los hábitos que viven “de” nosotros y “con” nosotros, como si fueran algunos de los fantasmas de los cuentos, que siguen “en” nosotros, y que de vez en cuando se manifiestan, nos susurran al oído y los seguimos sufriendo a pesar de los muchos años que ya han pasado desde la niñez.

Cuando eres capaz de cambiar un hábito, no de enfrentarte a él, no de traerlo de nuevo a la memoria – cosa que lo refuerza y lo hace más imprescindible y de mayor actualidad-, sino de cambiarlo por otro, de adquirir uno nuevo y hacerlo de manera consciente, tu mente vuelve a rejuvenecer, a ser la de un niño, con curiosidad y ganas de aprender, que se cuestiona lo “meramente” establecido, que quiere y precisa de más explicaciones para un mismo hecho.

Cuando has cambiado un hábito, has creado una nueva manera de actuación y serás capaz de cambiar otros con más facilidad, porque tu mente, tu cerebro, aprende y si cambias un hábito, simplemente cambiándolo por otro nuevo, aunque sea un hábito pequeño, sencillo, fácil, nuestra mente adquiere una fortaleza que nos pondrá en situación de emprender “gestas” más complicadas, logrando cambiar hábitos más arraigados y ciertamente poco útiles.

¿Cómo cambiar un hábito?

En primer lugar hay que ser consciente de los hábitos que queremos cambiar, malos, buenos…, los que quieras.

Hay que saber que detrás de un hábito hay una “razón poderosa”, porque por esa razón se creó el hábito. Luego, para cambiar un hábito hay que descubrir la “razón poderosa”, en el momento la descubres, que eres más consciente de su origen, puedes encontrar otras formulas, otras conductas, para satisfacer a esa razón.

Para descubrir la razón, tenemos que hacer un ejercicio de introspección, es decir, de redescubrirnos, para lo cual debemos preguntarnos; ¿qué consigo con este hábito actual?, ¿cuál fue la razón para actuar de esta manera?, ¿puedes recordar cómo y cuándo comenzaste con ese hábito?

Trasládate a ese momento…¿cómo fue la experiencia?.

Hoy, ¿cubrirías la razón que te impulsó a desarrollar ese hábito de la misma manera?, ¿qué otras posibilidades barajarías?, ¿cuál consideras la más adecuada?

Si quieres comprender, “actúa”; aplica la nueva formula, la nueva conducta, la que veas más interesante, la que más te guste, la que mejor te suene o te sea más fácil y persiste en ella, requiere un tiempo.

La transición, ese periodo necesario para lograr asentar el nuevo hábito, es donde más energía se necesita, tendremos que esforzarnos más, céntranos en la nueva forma de actuación y ser más conscientes. Estaremos tentados a seguir haciendo lo conocido, a seguir en nuestra zona de confort, en lo seguro, en los viejos hábitos. Para lograrlo, piensa siempre en lo que vas a obtener, no en lo que estás dejando y… enhorabuena, ya has cambiado un hábito.

Carlos Salas,
Coach Ejecutivo, Formador y Consultor.

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